Ahoj Praha! Fin de semana en Praga, República Checa.

Recuerdo que cuando celebré mis 20s pensé que cuando cumpliera los 30 tenía que festejarlo en grande, con amigas y un viaje a Las Vegas. El tiempo, las experiencias, los caminos que escogemos, la gente que conocemos, los lugares que visitamos, todo lo que vivimos nos va formando y nos convierte en lo que somos hoy como personas. Viajar es evolucionar. Hoy me río de mi fiestota en Las Vegas. Mi yo de hace 10 años y mi yo hoy no queremos las mismas cosas.

30s¡No pude tener mejor “regalo de 30″ que este viaje a Praga! Es una ciudad tan encantadora, que dicen que si la visitas, o repites, o te quedas. Esto lo escuché tantas veces durante el fin de semana que en algún momento pensé en..“¿y si de verdad nos quedamos?”

Pero, ¿por qué visitar Praga?

Praga es capital de La República Checa y de la cautivadora región de bohemia. A la ciudad también se le conoce como la “Ciudad de las Cien Torres”,porque realmente hay muchas torres, o la “Ciudad Dorada”, porque la piedra con que están construidos muchos de sus edificios brilla con el sol, dándole a la ciudad un color dorado característico. Praga es también parte del circuito que muchos viajeros arman para conocer las capitales Europeas de centro Europa: Praga-Viena-Budapest.  A pesar de tener una infinita historia para contar, Praga es una ciudad relativamente nueva en cuestiones de identidad, ya que recordemos que la disolución del comunismo en Checoslovaquia fue hasta 1989 y República Checa y Eslovaquia se separaron en dos naciones, oficialmente hasta 1993. Antes de esto y durante la Segunda Guerra Mundial, el territorio checoslovaco fue tomado por los alemanes, y mucho antes perteneció al Imperio Austro-Húngaro. Total que ha sido hasta el 1 de enero de 1993 que República Checa se convirtió en país, adhiriéndose a la Unión Europea hasta el 2004, conservando su moneda la Corona Checa.

Una de las grandes ventajas de visitar Praga es que todo queda relativamente cerca así que se puede ver la ciudad en un fin de semana. Evidentemente todos tenemos diferentes maneras y preferencias al viajar, pero si te gusta madrugar, seguro que en dos días o tres días te llevas un buen recuerdo de Praga.

No es por presumir, pero nuestro vuelo era perfecto. Salió en la noche del viernes, así que después del trabajo fuimos directos al aeropuerto ¡Ni pasé por casa! Llegamos a Praga, dejamos las mochilas en el hotel y salimos a celebrar de la única manera que se me ocurre celebrar en República Checa… ¡con cerveza! y es que la cerveza es para los checos como pan líquido. Fuimos al Museo de la Cerveza. Imagino que se llame así por la cantidad de cervezas que tiene y porque puedes pedir una orden de 5 cervezas que vienen como unos vasos pequeños “tasters” para que pruebes varias. Tienen una gran selección de cervezas locales deliciosas… El lugar estaba súper lleno, pero conseguimos sitio en la terraza, muy a gusto con mi cata de cerveza y unos pretzels. Gracias Praga y gracias cerveza por existir. Jedno pivo, prosím! (Una cerveza porfavor.)

Al día siguiente tomamos el tranvía hasta el otro lado del río hasta el Castillo de Praga, ya que nuestro hotel estaba muy cerca del Old Town. La línea de tranvía número 22 te lleva al Castillo de Praga, al Loreto y al Monasterio Strahov. Es una de las líneas de tranvía más utilizada por los turistas, sobre todo porque va a lugares donde no llega el metro. El mismo tipo del billete puede ser utilizado para el tranvía, el metro y autobuses, y se compra en tiendas de periódicos, estancos de revistas y en las máquinas del metro. Para confirmar el inicio del viaje se tiene que validar el billete.

Al caminar hacía el castillo empezamos a admirar las primeras vistas de la ciudad.

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Bonita ¿no?

Llegamos al Castillo de Praga, que no es solo un castillo, sino un gran conjunto arquitectónico, que incluye la magestuosa Catedral de San Vito, el convento de San Jorge, la basílica de San Jorge, galerias, caballerizas y el Palacio Real, que sirvió de residencia a los reyes de Bohemia, a emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico, así como a presidentes de Checoslovaquia. Aquí se lleva uno toda la mañana… y el recorrido es bien merecido. Puedes comprar varios tipos de billetes. Nosotros pagamos uno que costó alrededor de 350CZK e incluía también el Golden Lane. Esta es una calle situada dentro del complejo del castillo que se distingue por sus antiquísimas casitas de colores. Su nombre está relacionado con los alquimistas del siglo XVI, que según las leyendas, buscaron allí reacciones para producir oro. Como dato importante, la casa número 22 la habitó Franz Kafka durante aproximadamente dos años.

Este es un momento importante del viaje, ya que fue al salir del Castillo de Praga que descubrí el Trdelník, un pan que se hace envolviendo la masa y dándole forma alrededor de un palo de madera a la parrilla, que se cubre con azúcar y una mezcla de nueces… solo, calientito, con helado, con Nutella….

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y desde entonces mi vida no es la misma…

nerudovaBajamos con dirección al barrio de Mala Strana por la Calle Nerudova, que es de las más bonitas y emblemáticas de Praga. En realidad es una conocida calle que comunica el barrio Mala Straná con el castillo y su nombre se debe al escritor checo Jan Neruda, quien vivió en esta calle en el número 47. En tiempos de los reyes de Bohemia era parte del camino real para las ceremonias de coronación.

aparecidaLuego pasamos a visitar dos iglesias. Primero visitamos la iglesia de San Nicolás en Mala Strana, que se ha descrito como el más impresionante ejemplo de la arquitectura barroca en Praga. Luego nos dirigimos hasta la Iglesia donde se encuentra El Niño Jesús de Praga, donde curiosamente también nos encontramos con Nossa Senhora Aparecida, la patrona de Brasil. Que además es una réplica del mismo tamaño que la original y todo. No soy religiosa, pero la historia de la virgen brasileira me gusta mucho y es especial porque he estado en su basílica. Parece que me he emocionado más de verla a ella que al pobre niño.

Seguimos caminando en dirección al famoso puente de Carlos, pero antes hacemos una escala en el “Muro de John Lennon”, que se comenzó a llenar de graffitti en los 80s, al principio inspirados en la figura de John Lennon y letras de sus canciones y Los Beatles, hoy en día está lleno de mensajes de libertad, tolerancia y paz en el mundo. Hoy el muro se siente como un monumento a la libertad de expresión que celebra la rebelión no violenta que la juventud checa interpuso ante un régimen autoritario.

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Finalmente llegamos al Puente de Carlos, desde donde podemos admirar el Castillo de Praga. Este puente peatonal se considera el monumento más célebre de la ciudad y es el que comunica directamente a Mala Strana con la Ciudad Vieja. Este encargo de Carlos IV, quien puso la primera piedra en 1357, era el único que cruzaba el río Moldava antes de 1741. Está por de más decir que el puente que estábamos cruzando tiene un mar de años e historia.

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A lo largo del puente hay 30 estatuas, muchas de ellas copias, ya que las originales se encuentran resguardadas en museos. La primera estatua fue la de San Juan Nepomuceno, quien fue tirado al río en 1393 por orden de Wenceslao IV. Si estás en Praga tienes que ir a pedirle un deseo a San Juan Nepomuceno poniendo la mano izquierda en la base de la estatua y éste te lo concederá (sabrás que estatua es ya que está rodeada de turistas).
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Ya en la Ciudad Vieja, o Staré Město en checo, vamos a ver el legendario Reloj Astronómico. Es un reloj medieval ubicado en la Plaza del Ayuntamiento. Fue construido en 1410 por el relojero Hanus. Una de las leyendas dice que para que Hanus no repitiera su obra, los concejales lo dejaron ciego. Muy aparte de los mitos del reloj o cualquier leyenda, es maravilloso como en la Edad Media ya se tenían los conocimientos técnicos para hacer maquinarias como esta y lo más asombroso es que todos los datos que nos da el reloj son precisos. Para mi, ese es el verdadero espectáculo… Sin embargo, hay que ver también a los doce apóstoles, que se asoman desfilando al son de las campanadas cada que el reloj marca la hora. Además de los apóstoles, se pueden apreciar otras figuras a los lados del reloj, estos son el Turco, la Avaricia, la Vanidad y la Muerte, esta última es la que da el aviso para el inicio del desfile. Nosotros decidimos dejar este espectáculo para el último día, ya que no podíamos esperar a que diera la hora… ¡teníamos un tour de cerveza en puerta!

Una de las cosas que nos llamó la atención en Praga es la cantidad de compañías de tours que hay en la Plaza de la Ciudad Vieja. Nos explicaron que esto se debe a las regulaciones, que en otras ciudades son más estrictas. Fue así que dimos con este tour de cerveza (en español) por el cual pagamos 300 CZK. La verdad me gustó el recorrido…  sobre todo para lo que ya habíamos caminado… el mejor plan era este, ya que íbamos de bar en bar (relativamente cerca uno del otro), mientras que el guía nos contaba historias de República Checa y su cerveza. Gracias Praga y gracias cerveza por existir.

Wow… y este fue apenas el primer día. Al día siguiente, nos dejamos llevar por el tour gratis de Sandemans. Siempre recomiendo este tour porque la gran mayoría de las veces los guías son muy buenos y preparados. No tengo nada en contra de otras compañías y no dudo que también haya guías buenos, pero como Sandemans está en tantas ciudades sabemos que es garantía. Hay tours en español y en inglés, salen desde la Plaza del Ayuntamiento y los identificas por el paraguas rojo (no rojo con negro).

El tour te lleva por toda la Ciudad Vieja y pasa también por el barrio judío. Como el tour nos dejó enfrente del Rudolfinum, un maravilloso edificio neorrenacentista y sede de la Orquesta Filarmónica de Praga, decidimos explorar esa área.

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Fuimos a comer a la mítica cervecería/restaurante Ufleku, una de las más tradicionales y visitadas, también por locales. Había música en vivo y una parte al aire libre muy chuli.

Luego me tenían preparada una sorpresa 🙂 Un paseo por el Moldava, al atardecer con un buen jazz. Hay varias compañías de embarcaciones que ofrecen paseos por el río, tanto de día como de noche. El nuestro no incluía la cena, pero podías pedir para cenar, algo para picar o bebidas. Se puede optar por sentarse en mesa previamente reservada en el interior o pasar a la cubierta, donde también hay calefacción en invierno y te dan mantitas. Praga es una de las ciudades europeas más vinculadas con la música. Tanto artistas locales, como extranjeros, Vivaldi, Mozart, Beethoven, venían a Praga para dar conciertos, ya que sabían que serían bien recibidos por la audiencia culta que amaba la música. Si te gusta la música clásica o el jazz, puedes encontrar en la ciudad muchos bares y rincones para escucharla. Por algo Praga es la capital de Bohemia.

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¡Queso y cerveza! ¡Feliz cumpleaños a mi!

El tercer día y último… es hora de partir. Sin embargo, como tenemos la “mala” costumbre de madrugrar en “vacaciones”, nos despertamos muy temprano para disfrutar las últimas horas en Praga, para ver el espectáculo del reloj, subir a la torre, admirar esas preciosas vistas de la ciudad y por último, ver el Barrio Judío “Josefov”, más a detalle. Esto último vale la pena. Este barrio cuenta con seis sinagogas. Se pueden visitar todas, incluyendo el cementerio judío, que fue durante más de 300 años fue el único lugar donde estaba permitido enterrar a los judíos en Praga. De las sinagogas, para mi (y muchos estarán de acuerdo) la más bonita es la Sinagoga Española.

Espero que si visitan Praga, intenten aprovechar al máximo esta maravillosa ciudad que se ha convertido en una de mis favoritas de Europa. Hay mucho que contar, pero es mejor que nadie nos lo cuente. Si ya han estado, espero que repitan! Si viven allí… Llevenmeeeeeee! No, en serio, espero regresar algún día para comer más Trdelník, probar más cervezas deliciosas y recorrer más ese país tan bonito.

Un videíto!